Impedir la destrucción de México, sí hay de otra

El pasado 7 de septiembre inició formalmente el proceso electoral federal del próximo año, el más grande y complejo de la historia, tanto por la cantidad de cargos que estarán en disputa -más de 21 mil-, como por las condiciones sanitarias impuestas por la pandemia de Covid-19, que implican que sea todo un reto la organización de los comicios que serán cruciales para el futuro del país.

A lo anterior hay que sumar que poco más de 95 millones de ciudadanos inscritos en el padrón electoral estarán en posibilidad de concurrir a las urnas para elegir a 500 aspirantes a integrar la Cámara de Diputados, renovar 15 gubernaturas, más de mil diputaciones locales y mil 926 ayuntamientos.


La tarea es monumental y requerirá del esfuerzo de todos, gobernantes, autoridades electorales, partidos políticos, candidatos y, por supuesto, la ciudadanía en general, que son la parte medular del proceso, pues ellos son los verdaderos garantes de la democracia al participar con su voto y cuidar las casillas.



Existe el grave riesgo de que la contienda esté marcada por la inequidad promovida desde el púlpito presidencial de las conferencias mañaneras, que convertidas en vehículo de propaganda electoral significarán un serio factor de desequilibrio a favor de los candidatos de Morena y sus aliados, y un claro retroceso para nuestra joven democracia.


El peligro es real e inminente, toda vez que en la próxima elección federal el Presidente López Obrador expone su capital político y el futuro de su gobierno, por ello buscará a toda costa retener la mayoría legislativa en la Cámara de Diputados, obtener la mayor cantidad de gubernaturas, así como el control de los congresos locales.


Con este objetivo diariamente el Ejecutivo federal hace declaraciones para descalificar a los opositores y estigmatizar a quienes él ha calificado como sus adversarios, acusándolos de actos de corrupción que no puede, incluso tampoco quiere acreditar jurídicamente, pero logra su objetivo de enlodarlos ante la opinión pública, al tiempo que aprovecha para buscar convencer a los votantes utilizando todos los recursos públicos del Estado, que en razón de su cargo tiene a su disposición.


El banderazo de salida a todas las actividades que harán posible la jornada electoral del 6 de junio de 2021 también nos hace reflexionar sobre el papel que como oposición debemos desempeñar en esta hora crítica en la que México enfrenta grandes desafíos por causa de las malas decisiones de este gobierno.

Hemos rebasado el escenario catastrófico oficial, llegando a más de 75 mil fallecidos por Coronavirus; tal pareciera que estamos cayendo en la normalización de la tragedia. En lo que va de este año, a pesar del “quédate en casa” superamos la cifra de 61 mil homicidios dolosos y en economía atravesamos la peor crisis desde 1932.

Desde el Congreso haremos todo lo posible para demostrar que el saldo trágico de este gobierno no es nuestro destino fatal, que sí hay de otra, como oposición tenemos que ser la alternativa que permita construir un mejor país.


Por ello en el Senado reafirmamos nuestro compromiso de ser un contrapeso efectivo frente al autoritarismo oficial y contra las iniciativas inconstitucionales y atentatorias de los derechos humanos; buscaremos unirnos con otras fuerzas políticas en un bloque de contención para impedir que continúe la destrucción de México.

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